Siempre fuí  una persona apasionada por el conocimiento.  Toda ocasión me sirvió para conocer más  sobre el mundo y acerca de mí misma.

Lo que más captura mi atención es el Ser Humano, su maravilloso potencial, sus cualidades, los modos de defenderse de aquello que siente hostil, su capacidad de salir adelante a pesar de la adversidad.

Me recibí de consultora psicológica con un enfoque humanista, aprendí Programación Neurolingüística, Administración de Proyectos, Comunicación no violenta, Meditación y, cuando estuve lista, me sumergí en el mundo de la búsqueda humana hacia la trascendencia, la espiritualidad, la filosofía perenne y los Grandes Misterios. Aquellos que siempre despertaron la curiosidad, y tanto la fantasía de las personas. 

El bien más preciado que atesoro es  haber podido contar con maestros que, a demás de ser grandes profesionales en sus áreas, son también seres humanos impecables, de quienes he tenido el privilegio de aprender y con quienes he tenido el honor de compartir proyectos y amistad. Son el caso Sergio Fuster, teólogo, de quien aprendí Religiones comparadas, y Ricardo Leveratto, médico psiquiatra, con quien me formé en Psicología Transpersonal.  

 

Aprendí que esta dimensión (la espiritual o transpersonal) es íntima. Cada individuo la vive con su mejor comprensión. Nadie puede ni debe intervenir en ese profundo rincón de las personas, a menos que ellas lo pidan.

No importa si son religiosas o no, si desarrollan su espiritualidad a través de una tradición específica o través de su profesión. Si vibran a través del contacto con la naturaleza o de la música, como así también, si no sienten la impronta espiritual en su vida. Todos los seres humanos amamos, sentimos miedo, nos frustramos, sufrimos, y necesitamos de otros para crecer y realizarnos. Todos necesitamos que nos acepten tal cual somos. Aunque deseemos mejorar, requerimos un entorno aceptante, amable y empático que nos contenga.

Mi desarrollo personal requirió (y lo sigue haciendo) de mucha paciencia para conmigo misma, de aprender a aceptarme y observarme, de flexibilizar mis ideas y constructos mentales constantemente. Cuanto más trabajo conmigo misma, veo cuánto más puedo ayudar a otros.

Mi vocación de servicio se hizo escuchar con más fuerza hace tiempo, y encontré en la profesión de Consultora Psicológica (Counsellor) una vía congruente con mis ideales y valores. El respeto, la coherencia, la empatía y la aceptación son los pilares sobre los que se erige esta disciplina desde la obra del psicólogo Carl Rogers, un referente de la psicología humanista, un ser humano como pocos, un profesional dedicado y comprometido con la ciencia. Un maestro para quienes valoramos la vida, la libertad de consciencia, la congruencia y las capacidades humanas de autosuperación.

© 2023 by Paula César 

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