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Acuérdate de mí

Encontré una Biblia de los 80 publicada en Nueva York, en castellano, en una librería de Salamanca.


Me encontraba cumpliendo dharma —deber terrenal del momento—, acompañando a mi hija y a su marido a conocer Salamanca. Por mí nunca me hubiera movido de mi refugio, pero salirse de sí —lej lejá— siempre trae recompensa. Y la tuvo, aunque no estaba pensando en ello.


Suelo tener presente el símbolo de Abraham. Dios le dijo «Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré» (Gn 12:1).

Sal de ti, sal de tu ego. Abraham lo hizo y fue recompensado con una gran nación y descendencia.


Siempre me impactó esta paradoja, no por la recompensa al patriarca, sino por la belleza y el poder oculto en las acciones de desapego.


Como es Ley, así ocurrió también. Fue un día bendecido de sincronías constantes. Hasta cayeron libros de una estantería para descubrir un tesoro enterrado. Una de las joyas fue esta Biblia. En la primera página dice «Para que te acuerdes de mí, cada vez que la leas, que espero sea mucho. Con todo cariño. Ma. del Mar.»


Mi primera lectura fue de desazón. «¿Se puede ser tan egocéntrica? Regalar una Biblia ‘para que te acuerdes de mí’.» Mi mente fue a lo perdida que está la humanidad y a quejas varias de mi ego de “librepensadora”.


Medité sobre algunos pasajes aleatorios. Algo me imantó a Ageo 1:7-11. Dios habla:

«¡Reflexionen sobre su proceder! Vayan ustedes al monte, traigan madera y reconstruyan mi casa. Yo veré su reconstrucción con gusto, y manifestaré mi gloria. Ustedes esperan mucho, pero cosechan poco; lo que almacenan en su casa, yo lo disipo de un soplo. ¿Por qué? Porque mi casa está en ruinas, mientras ustedes solo se ocupan de la suya.»

La Ley eterna —siempre—.


Cuando me senté a escribir esto no sabía lo que quería decir. Casi no lo hago, «antes de hacer nada, toca meditar» —el “diablo” siempre nos tienta con las formas, para que olvidemos el Espíritu—.


Me resistí un momento para escuchar, para poder oír Su voz que sopla suave, muy suave, dentro —no podemos escucharla mientras nos ocupamos en cumplir mandatos, aunque sean propios—. Me dijo que escriba. Mientras lo hago veo quién escribió «para que te acuerdes de mí, cada vez que la leas». «Qué mano detrás de esa mano» —como diría Borges— movió la lapicera.


Te veo, te veo. Te recuerdo, Amor.

Ahora puedo meditar.


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Paula César  - Espiritualidad con Fundamento - Consultoría psicológica - Counselling - Ciencia espiritual - enfoque humanista, fenomenológico existencial - Espiritualidad transcultural - Filosofía perenne, psicología transpersonal, Tradición primordial, mística y ciencia, ciencia y espiritualidad, sabiduría perenne, psicología y espiritualidad, Sanatana dharma, counselling enfoque humanista, Enfoque centrado en la persona, Escuela mistagógica.

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